11 octubre 2009

Eran más de las diez y yo seguía llorando. No tenía nada que hacer, no tenía por qué vivir. Lo llamé y no contestó. Llamé a su casa y a su celular, no podía encontrarlo. Cuando sentis que perdes sostenes y no encontras de donde agarrarte, tomas el teléfono y haces llamadas desesperadas esperando que alguien conteste. Que alguien importante en tu vida conteste. Un simple “hola” me hubiera salvado. No hubo holas aquella noche

No hay comentarios: